Renta petrolera y contrato social

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         Cambien el báculo por un barrilito

Desde hace meses, tiende a escucharse a menudo el reclamo a favor de llegar a un nuevo “pacto social” en Venezuela. El motivo tras ello suele hallarse en la necesidad de alcanzar un mínimo consenso que permita renovar la tranquilidad pública y el gobierno de las leyes. Tal acuerdo, en caso de lograrse, facilitaría el combate contra la inseguridad, reformas económicas en ciernes y disminuir la conflictividad política. Pero, ¿qué es un “pacto” o “contrato” social?

La idea del “Contrato Social”, erróneamente atribuida al filósofo Jean-Jacques Rousseau, puede trazarse al menos hasta el Leviatán de Thomas Hobbes. Consiste en aquel acuerdo voluntario que permite a una multitud de individuos, de forma unánime, establecer un conjunto de reglas sobre la delimitación de los derechos de propiedad y uso de la coacción estatal en un territorio. Es una teoría sobre la instauración del Estado, a través del acuerdo entre los hombres.

Uno de los teóricos contemporáneos más reconocidos, James Buchanan, describía las condiciones que debían cumplirse para tal contrato en su obra El Cálculo del Consentimiento. Este debía limitarse a establecer reglas que permitirían tomar decisiones colectivas sobre aquello que debe realizar el Estado vs la esfera privada.

Para entenderlo mejor, imagine que diseña un juego de mesa: nadie está obligado a jugar con usted, si no se encuentra conforme con las reglas, por tanto, para que decidan participar usted deberá convencerlos de que no las inclina a su favor. Si usted es capaz de conocer cómo lo afectarán esas reglas en cada caso particular, difícilmente decida hacerlas sin sesgo. Por tanto, las reglas del juego deberán ser muy generales y permanecer inalteradas a lo largo de toda la partida, para que usted desconozca específicamente cómo lo favorecerán y decida hacerlas justas. De lo contrario no habrá acuerdo ni juego.

¿Puede Venezuela cumplir estas condiciones para establecer un contrato social? ¿Estos recursos no fuerzan a distribuir continuamente la riqueza y afectar el destino de los “jugadores” arbitrariamente?

Un Estado moderno suele obtener recursos fiscales a través de impuestos sobre la actividad privada. Cualquier intento por redistribuir la riqueza pasa por alguna resistencia de aquellos a quienes se les extraerán los recursos, quienes exigirán adecuarse a las reglas del contrato. En cambio, cuando el Estado recibe directamente recursos desde los mercados extranjeros de crudo, puede “repartir” riqueza sin haberla extraído a “jugadores” nacionales. Así, el reparto enfrenta menor resistencia y el reclamo por adecuarse a las reglas será menor. El contrato social se diluirá.

Venezuela no está condenada a fracasar en esa labor. Existen propuestas para solucionar estas dificultades. Una de ellas se encuentra esbozada en El Petróleo como instrumento de progreso (Rodríguez&Rodríguez, 2012). Si la renta petrolera pudiese pasar primero por los bolsillos de los ciudadanos, para luego ser captada por el Estado, podría solucionarse esta peculiaridad criolla. Hacer a los venezolanos propietarios de la renta petrolera permitiría que los jugadores se interesen por defender las reglas del juego.

JEAN-PAUL LEIDENZ FONT | EL UNIVERSAL
domingo 20 de julio de 2014

Publicado originalmente en:

http://www.eluniversal.com/opinion/140720/renta-petrolera-y-contrato-social

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